miércoles, 13 de septiembre de 2006

Transparencias

Siempre he pensado que nadie podría haber inventado jamás un nombre tan adecuado para una transparencia que ese mismo: transparencia. Transparencias son esas hojas de plástico impresas que, acompañadas de un proyector, permiten al profesor plasmar en una imagen el objeto de sus explicaciones. Pero algo transparente es también algo vacío, efímero, insulso.
El uso de una transparencia únicamente adquiere utilidad en el momento en que ésta resume o amplía el contenido magistral impartido en el aula. Dicho de otro modo, la transparencia debería ser el esqueleto sobre el que el profesor desarrollase su explicación; jamás puede convertirse en el alma de ese esqueleto.
Lo anotado en una transparencia tiene que ser esquemático y, a poder ser, debe ir apareciendo de forma gradual ante la vista del estudiante, siempre ávida de novedades en el mundo audiovisual que le rodea. La posibilidad de incluir imágenes o figuras difíciles de reproducir que contribuyan a facilitar la comprensión y aporten atractivo visual configura una de las grandes ventajas de este medio.
De un tiempo a esta parte, el uso de la transparencia -o de su homólogo moderno, powerpoint - se ha generalizado de tal modo que viene siendo muy frecuente que, al menos en el ámbito universitario que yo conozco, se comercialicen incluso libros de transparencias: compendios editados del material transparente utilizado en clase, indispensable según se nos asegura para el correcto seguimiento de las explicaciones.
¿Alguien ha pensado en lo fácil que puede llegar a ser editar un libro de transparencias? Basta con reunir bajo una portada un conjunto de copias inconexas, a menudo carentes de formato y añadir, eso sí, títulos en letras enormes y atractivas. Demasiada negrita. Y con eso uno ya se da por satisfecho; ese es el flamante material de la asignatura: de muy buen aspecto y verdaderamente atractivo; vacío de contenido, efímero e insulso. Todo bien agitado, pero no removido.
No quiero dejar pasar esta ocasión para elaborar un paralelismo, quizás demasiado osado por mi parte, entre la aparente trivialidad del asunto y algunas actitudes fácilmente observables en el contexto cotidiano: la forma cada día prima más sobre el fondo. Cada vez quedan menos espacios para lo elaborado, para lo reflexionado, para todo lo que no es llamativo a simple vista, para lo profundo o para lo auténtico.
Quizás al final seamos nosotros mismos también compendios de transparencias.
(Reflexiones de un ingeniero desorientado)

1 comentario:

Ari dijo...

Unas transparencias en las que se base el contenido de una calse pueden llegar a resulatr molestas, y hacer perder al alumno todo el interés por la clase.
Pero os dire algo que puede ser aun peor.
CLASES DE CÁLCULO DIFERENCIAL EN POWERPOINT
Y os lo digo por experiencia.
Estando en segundo de carrera tuve la virtud de tener una profesora maniática, quizas un tanto piscótica, que no cogio la tiza ni una sola vez en todo el curso.
Las interminables demostraciones matemáticas a que nos sometía, y que para más inri debíamos memorizar para el examen, aparecían ordenadas a cada toque de su mando inalámbrico conectado al portátil.
Pero no solo estaban en powerpoint las demostraciones, también todos los ejercicios que se hacian en clase e incluso cuando acudía a un semanario lo hacia con la interminable coleeción de ejercicios de la asignatura resuelta por comleto en powerpoint para poder resolver cualquier cosa sin escribir.
Era tal la pasión de esta mujer por el progra que incluso un día que perdió la voz, apareció en clase, conecto su maravillosa pantalla y dio dos plamas para que todo el mundo leiera:
"Hoy no daré clase porque estoy afonica"
Dios bendiga a los profesores de toda la vida, de demostraciones a tiza y ejercicios con borrones a doquier.

ARI